
Por Jeffri Mateo Alcántara
En la política local ya no sorprende ver cómo algunos “líderes” han hecho de la conspiración su principal herramienta. Se pasan más tiempo organizando reuniones para tumbar al que está haciendo un buen trabajo que en presentar propuestas reales para sus comunidades.
Hay dirigentes que, en lugar de salir a los barrios, escuchar a la gente y resolver los problemas, se dedican a armar grupos de WhatsApp para hablar mal de los que sí están produciendo resultados. Mientras unos trabajan por y para la comunidad, otros solo trabajan por su ego.
Lo triste es que muchos de esos personajes tienen años viviendo de la política sin haber dejado una sola obra, sin haber gestionado una beca, sin haber logrado una solución concreta para su gente. Pero son expertos en sembrar intrigas, levantar falsos y desinformar.
El problema no es tener diferencias políticas, eso es parte del juego democrático. El problema es que hay quienes, sin méritos ni liderazgo real, quieren ascender desacreditando, en vez de construyendo. Les molesta ver que otros avancen, porque ellos se quedaron atrás por falta de compromiso, visión y trabajo.
Y mientras pierden tiempo en reuniones clandestinas y alianzas oscuras, hay jóvenes líderes que sí están recorriendo las calles, resolviendo, gestionando y demostrando con hechos.
La política local no necesita más “jefes de grupo” ni estrategas de pasillo. Necesita servidores públicos, líderes reales, que entiendan que el poder es para servir, no para destruir.
La historia se encargará de separar a los que trabajaron de los que solo conspiraron.




