
Desde una perspectiva educativa, científica y tecnológica, expreso de manera firme y fundamentada mi desacuerdo con la posible fusión del Ministerio de Educación de la República Dominicana (MINERD) y el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCYT). Esta propuesta, aunque presentada bajo el argumento de la eficiencia administrativa y el ahorro económico, resulta reduccionista, improcedente y profundamente riesgosa para el desarrollo integral del sistema educativo nacional.
En primer lugar, el sistema educativo preuniversitario y el sistema de educación superior responden a naturalezas, fines y complejidades distintas. El MINERD tiene la responsabilidad de garantizar una educación inicial, primaria y secundaria centrada en la formación integral, el desarrollo de competencias básicas, la inclusión educativa, la equidad y la atención a la diversidad. Por su parte, el MESCYT orienta sus acciones a la producción científica, la innovación tecnológica, la investigación avanzada, la formación especializada de profesionales y el fortalecimiento del pensamiento crítico y académico de alto nivel. Unificar ambas estructuras no garantiza coherencia; por el contrario, diluye prioridades y debilita la especialización institucional.
Desde el punto de vista científico y tecnológico, la fusión representa un retroceso. La ciencia y la tecnología requieren políticas claras, sostenidas y altamente especializadas, con visión de largo plazo, financiamiento diferenciado y autonomía técnica. Subordinar estos procesos a una macroestructura educativa generalista puede limitar la capacidad del país para responder a los desafíos de la innovación, la investigación aplicada, la transformación digital y la competitividad internacional.
En segundo lugar, el argumento económico no es suficiente ni válido para justificar una decisión de esta magnitud. La educación no puede ni debe analizarse únicamente desde la lógica del gasto o el ahorro. La historia reciente del país demuestra que el logro del 4 % del Producto Interno Bruto (PIB) para la educación preuniversitaria fue el resultado de años de lucha social, académica y ciudadana. Cualquier intento de fusión institucional pone en riesgo ese logro histórico, ya que podría diluir los recursos, desdibujar su finalidad y abrir la puerta a una redistribución que afecte directamente la calidad y equidad del sistema educativo.
Asimismo, es necesario reconocer que la República Dominicana no está preparada para una integración estructural entre el sistema educativo preuniversitario y el universitario. Aún existen debilidades significativas en términos de articulación curricular, formación docente, investigación educativa, evaluación de la calidad y atención a la diversidad. Antes de pensar en una fusión, el país necesita fortalecer cada subsistema por separado, garantizar su eficiencia interna y luego avanzar hacia mecanismos de articulación y cooperación, no de absorción administrativa.
Finalmente, esta propuesta minimiza los avances logrados en materia de educación inclusiva, profesionalización docente, descentralización educativa y desarrollo científico. Lejos de representar una solución, la fusión puede convertirse en un obstáculo para la mejora continua del sistema educativo y para el cumplimiento de los compromisos nacionales e internacionales en materia de educación, ciencia y tecnología.
En conclusión, defender la autonomía y especialización del MINERD y del MESCYT no es una postura política, sino una posición académica, técnica y ética. El desarrollo educativo de la República Dominicana exige fortalecimiento institucional, inversión sostenida, visión estratégica y respeto a los procesos históricos conquistados, no decisiones apresuradas sustentadas únicamente en criterios económicos.
Dr. José Emilio De Jesús*
Primer Doctor en Educación Inclusiva de la República Dominicana
Catedrático Universitario
Coordinador Docente Nacional del MINERD




