jueves, septiembre 24, 2026
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Desafecto bidireccional

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Por Valerio García

En el universo moral de los veteranos —hombres y mujeres que compartieron uniforme, jerarquía y destino— se ha ido incubando un fenómeno silencioso y corrosivo: el desafecto bidireccional. No se trata de una simple diferencia de opiniones ni de tensiones generacionales normales en toda institución. Es algo más profundo: una fractura emocional entre hermanos de armas que, paradójicamente, se forjó en el mismo campo de disciplina y sacrificio.

Por un lado, algunos subalternos retirados miran hacia arriba con resentimiento. Culpan a quienes fueron sus superiores de sus limitaciones actuales, de sus precariedades económicas o de oportunidades no alcanzadas. La memoria selectiva transforma órdenes en agravios, exigencias en humillaciones y la disciplina en opresión. Se violentan así los códigos no escritos que durante años sostuvieron la cohesión: el respeto a la jerarquía, la gratitud por la formación recibida y la conciencia de que toda estructura necesita mando para existir.

Por otro lado, algunos antiguos comandantes observan con desdén a quienes fueron sus subordinados. Ven en sus reclamos una expresión de indisciplina persistente, una incapacidad para asumir responsabilidad individual o para reinventarse tras el retiro. Interpretan la precariedad como consecuencia exclusiva de decisiones personales: la negativa a estudiar, a emprender, a adaptarse. Y en esa lectura, el que fue subordinado deja de ser compañero de historia para convertirse en carga o en crítica constante.

Así se configura el círculo vicioso del desafecto: el resentimiento alimenta la distancia, la distancia refuerza el juicio, y el juicio endurece el corazón. Lo que fue hermandad se convierte en sospecha; lo que fue disciplina compartida se transforma en reproche mutuo.

Sin embargo, esta fractura no es inevitable ni irreversible. Es, en esencia, un problema cultural. Durante la vida activa, la institución proveía estructura, propósito y sentido. En el retiro, ese andamiaje desaparece parcialmente, y muchos quedan expuestos a la intemperie emocional y económica. Allí emergen las inseguridades no resueltas y las frustraciones acumuladas. Sin un marco de acompañamiento y corresponsabilidad, la nostalgia se vuelve amargura y la crítica sustituye al compromiso.

El cambio que se requiere no es administrativo, sino cultural. Supone reconocer que la autoridad legítima no fue enemiga, sino condición de la propia formación. Supone también admitir que la responsabilidad individual no anula la responsabilidad institucional de acompañar y orientar. Ni el comandante es culpable absoluto del destino del subordinado, ni el subordinado es un ingrato estructural incapaz de reconstruirse.

Se necesita un círculo virtuoso que sustituya el resentimiento por la mentoría, el reproche por la corresponsabilidad y la distancia por la cooperación. Los que ejercieron mando pueden convertirse en tutores de emprendimiento, en guías académicos, en promotores de disciplina productiva. Los que fueron subalternos pueden transformar su energía crítica en participación constructiva, en formación continua y en liderazgo comunitario. La jerarquía del pasado puede convertirse en red solidaria del presente.

La cohesión no se decreta: se cultiva. Y la confianza no nace de la nostalgia, sino de la acción compartida. Cuando los veteranos se reconocen nuevamente como comunidad —no como bandos— la disciplina deja de ser imposición y se convierte en virtud interior. Entonces el afecto sustituye al juicio, y la autoridad moral reemplaza al rencor.

En última instancia, es la única vía para que la hermandad vuelva a ser lo que su nombre promete. Porque solo en un ambiente de cohesión y confianza puede florecer una disciplina sana que derrame bienestar y calidad de vida. Sin afecto, la disciplina se vuelve rígida; sin disciplina, el afecto se vuelve frágil. Con ambos integrados, la comunidad se fortalece y honra, verdaderamente, la historia compartida.

El autor es Mayor General (r) del Ejército. Presidente de la Hermandad de Veteranos y Presidente de la Alianza Mundial de Veteranos.

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