domingo, octubre 25, 2026
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¿Es la hipertensión arterial una enfermedad necesariamente crónica?

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Por HUMBERTO CONTRERAS VIDAL.

La medicina moderna reconoce que la hipertensión arterial es una enfermedad crónica, lo cual indica que requiere de vigilancia y control médico durante toda la vida.

La enfermedad es una alteración o desviación del estado fisiológico en una o varias partes del cuerpo que se manifiesta por síntomas y signos característicos. Un ejemplo de una enfermedad es la gastroenteritis infecciosa.

Es conveniente distinguir que la gastroenteritis infecciosa es una enfermedad aguda, que se cura con un tratamiento puntual. A diferencia de las enfermedades crónicas cuyos tratamientos son permanentes, es decir, se administran mientras vida tenga el paciente.

¿Por qué la hipertensión podría ser una enfermedad potencialmente reversible?

La elevación de la presión arterial es, en muchos casos, una respuesta del cuerpo cuando se ve afectado por situaciones internas o externas. La hipertensión actúa como el manómetro (dispositivo que mide presión) que sube porque la tubería se estrecha o por alguna otra causa.

Hay que destacar que existen poblaciones prácticamente libres de hipertensión. La idea de que la hipertensión es un fenómeno inevitable de la civilización humana se desmorona al observar poblaciones aisladas del mundo moderno como “Los Yanomami”, habitantes de la Amazonía entre Brasil y Venezuela, que fueron evaluados rigurosamente en proyectos internacionales como el estudio INTERSALT, esta comunidad indígena presenta presiones arteriales sumamente bajas (promedios de 95/61 mmHg) que no aumentan con la edad. Su consumo de sodio es prácticamente nulo (menos de 1 mmol/día) y la hipertensión clínica es literalmente desconocida en su vocabulario.

Otras poblaciones rurales tradicionales en Papúa Nueva Guinea y zonas remotas de África Oriental, al igual que los Yanomami, son comunidades que subsisten mediante dietas integrales basadas en plantas, sin procesados y con una actividad física constante, muestran una prevalencia de hipertensión cercana al 0% y una ausencia total del incremento de la presión arterial ligado al envejecimiento biológico.

Esto demuestra que, si no existen problemas internos y cuando el entorno no somete al organismo a los hábitos propios de la vida moderna, la «enfermedad» hipertensiva es muy escasa, por no decir que prácticamente no existe.

Si la hipertensión resultara ser una enfermedad reversible, eliminar las causas estructurales y ambientales debería corregirla. Parte de las causas fundamentales que elevan la presión, y que pueden ser intervenidas, son: Exceso crónico de sodio refinado y desbalance con el potasio celular; La retención de líquidos inducida por el cloruro de sodio industrial altera la osmolaridad plasmática; La resistencia a la insulina e hiperinsulinemia crónica: El exceso de azúcares y carbohidratos refinados provoca disfunción endotelial, rigidez arterial y reabsorción renal de sodio mediada por insulina.

Además, el estrés crónico y activación simpática sostenida: La hipersecreción permanente de cortisol y adrenalina mantiene los vasos sanguíneos en un estado de vasoconstricción constante; El sedentarismo y pérdida de elasticidad vascular: La falta de contracción muscular regular elimina el estímulo mecánico para la producción de óxido nítrico endotelial (el vasodilatador natural del cuerpo); La exposición a toxinas metabólicas y tabaquismo: Generan estrés oxidativo severo que daña la túnica íntima de las arterias, obligando al sistema a elevar la presión para mantener el flujo sanguíneo periférico.

Los dos párrafos anteriores contienen términos técnicos que en su conjunto describen científica y médicamente el desorden que caracteriza los hábitos de la convivencia moderna. Eliminar o revertir dichas causas mediante cambios radicales en el estilo de vida e introducir una buena nutrición logra, en fases tempranas, la normalización de la presión arterial, demostrando que, en muchas personas, la presión arterial puede normalizarse cuando se corrigen los factores que contribuyen a su elevación.

Por otro lado, el mantenimiento de la hipertensión bajo el modelo de «enfermedad incurable de control crónico» arrastra consecuencias económicas significativas:

 A nivel global, los costos directos de la atención médica vinculada a la presión arterial superan los 370 mil millones de dólares anuales, consumiendo aproximadamente el 10% del gasto sanitario mundial. A la tasa actual del dólar estadounidense, se está hablando de: 22 billones 678,539 millones 500 mil pesos dominicanos (una cantidad exorbitante de difícil comprensión para el ciudadano común).

Si se consideran las pérdidas indirectas (ausentismo laboral, muertes prematuras y discapacidades por infartos o accidentes cerebrovasculares), el costo asciende a billones de dólares a escala global (con pérdidas estimadas en más de 3.7 billones de dólares solo en países de ingresos bajos y medios durante períodos recientes).

Resolver el problema de raíz eliminaría esta “hemorragia” financiera masiva para los sistemas de salud pública y los pueblos afectados de todo el mundo.

Se es plenamente consciente de la osadía y el atrevimiento que supone que un aprendiz de químico opine de un tema tan delicado, complejo y celosamente guardado por el área médica tradicional. Sin embargo, observar este problema desde otro punto de vista nos hace recordar que la historia de la ciencia muestra que incluso las ideas ampliamente aceptadas pueden enriquecerse cuando se examinan desde nuevas perspectivas y se contrastan continuamente con la evidencia disponible.

Finalmente, se acepta que si la presión alta persiste a lo largo del tiempo debido a la alteración interna de algún órgano o función fisiológica, ésta pueda asumirse como enfermedad crónica y se trate como en este momento se está tratando.

Además, se hace un llamado innegociable a que cualquier persona que sufra de presión alta acuda a su cardiólogo o médico de confianza antes de tomar decisiones que afecten su propia salud o la de sus seres queridos.

El autor es doctor en ciencias químicas y reside en Santiago de los Caballeros. huco71@gmail.com

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