
Por: Jeffri Mateo Alcántara
A veces uno ayuda a personas que están comenzando, que ganan poco, que no tienen muchas oportunidades. Y con el corazón limpio, uno abre puertas, recomienda, confía… incluso los pone a ganar más de lo que uno mismo ganaba en su momento.
Pero cuando toca pedir algo a cambio—un favor, un apoyo, un compromiso—te das cuenta de que no todos tienen la misma disposición. Y duele. Duele ver cómo quienes uno ayudó, no están dispuestos ni a dar la mitad de lo que recibieron.
Pero ¿sabes qué? También es una lección. Porque eso te enseña a valorar a quienes sí están, a reconocer quiénes merecen seguir creciendo contigo… y a no detenerte por quienes no lo hacen.
No te arrepientas de haber ayudado. Eso habla bien de ti, no de ellos.
Sigue adelante, ayuda con sabiduría y nunca dejes de crecer.




